APUNTES DEL BICENTENARIO
Hoy es 8 de Julio de 2016, víspera de la Independencia. Y en esta fecha, ambas historias se entrelazan. La personal, la que llevo en el adn, en el libro familiar y la de la Patria.
Cada 8 de julio recordábamos el casamiento de mis padres. Cada 9 la fiesta patria. Mis viejos son parte de la Historia de este país con su trabajo de toda una vida en esta loca Buenos Aires. Mis abuelos se afanaron en el campo hace 70, 80 años. Un grano de arena sí, un pequeño eslabón en una cadena que se pierde en el tiempo. Pero dicen que la fuerza de una cadena está en la unión de sus eslabones.
En el camino de la vida, mis abuelos los precedieron y antes de ellos mis bisabuelos y tatarabuelos. Uno de ellos peleó en la época de Rosas, contaba mi viejo, tirando de la memoria
Bendigo a mis padres por darme la vida en esta tierra, por amar cada recodo, cada cielo al atardecer. Por el tango y Borges, por Favaloro y San Martín, por el asado y los amigos, por Sábato y Cortázar y Piazzolla y todas y cada una de las fotos que guarda mi memoria.
200 años es una cifra como un círculo. Alguna vez, hace unos años alguien me dijo que yo había visto la cuarta parte de la Historia de la Patria. Y sí. Tremendo privilegio haberlo vivido. Gran honor acaso inmerecido. Estos días, estas sensaciones me acompañarán el resto del camino. Como la memoria de mis padres y abuelos alimentaba las sobremesas, como la enseñanza de mis maestras con las batallas y los sucesos y las fechas le daban dinámica a esos señores que nos miraban severos desde los cuadros.
La Patria es la memoria y el futuro. Los ancestros y los hijos. El corazón que galopa al ver la bandera y la emoción de cantar el himno. Soy un hijo orgulloso de esta Argentina. Quiera Dios darme la dignidad para ser merecedor pleno de ella y un día descansar en esta tierra y este viento. Porque somos uno y el mismo.
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