FOX
Y
una tarde calurosa de febrero, tu corazón, tu enorme corazón se detuvo. Doy
gracias a Dios porque no sufriste y porque pude acompañarte en esos últimos
momentos, como vos me acompañaste estos últimos dieciséis años. Quiero creer
que, como hace un tiempo escribió una amiga, te fuiste a un cielo de perros a
correr como cuando eras cachorro y te encontraste con todos los perros que ennoblecieron
mi vida, y que cuando yo me vaya van a venir en tropel a recibirme.
Hablaba
de tu corazón. Ese que intercambiaste con mis padres, con mis hijos, con mis nietas
y conmigo. Ese que nos diste con tu mansedumbre y a la hora de los juegos,
cuando hubo que cuidar de los mas pequeños de la familia, con tu paciencia
cuando era mas perro que bebas que te perseguían como a un peluche tamaño baño
que encima se movía y les lamía la cara y las manos en gestos de ternura.
Pero
que te voy a decir a vos que no sepas Fox. Tal vez recordarás cuando recién
llegaste, cuando entrabas y dormías en una zapatilla mía. Como has sido el gran
amor canino de mi hijo. Y tantas cosas…
Yo
solo puedo darte estas lágrimas de dolor y agradecimiento porque enriqueciste
cuatro generaciones de mi familia. Y ahora, que recién te hemos despedido mi
querido amigo agradezco el amor que nos diste. Y voy a llevarlo en el corazón
hasta el día que volvamos a vernos. Hasta pronto mi perro, mi familia, mi
amigo.
