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febrero 16, 2013




FOX
Y una tarde calurosa de febrero, tu corazón, tu enorme corazón se detuvo. Doy gracias a Dios porque no sufriste y porque pude acompañarte en esos últimos momentos, como vos me acompañaste estos últimos dieciséis años. Quiero creer que, como hace un tiempo escribió una amiga, te fuiste a un cielo de perros a correr como cuando eras cachorro y te encontraste con todos los perros que ennoblecieron mi vida, y que cuando yo me vaya van a venir en tropel a recibirme.
Hablaba de tu corazón. Ese que intercambiaste con mis padres, con mis hijos, con mis nietas y conmigo. Ese que nos diste con tu mansedumbre y a la hora de los juegos, cuando hubo que cuidar de los mas pequeños de la familia, con tu paciencia cuando era mas perro que bebas que te perseguían como a un peluche tamaño baño que encima se movía y les lamía la cara y las manos en gestos de ternura.
Pero que te voy a decir a vos que no sepas Fox. Tal vez recordarás cuando recién llegaste, cuando entrabas y dormías en una zapatilla mía. Como has sido el gran amor canino de mi hijo. Y tantas cosas…
Yo solo puedo darte estas lágrimas de dolor y agradecimiento porque enriqueciste cuatro generaciones de mi familia. Y ahora, que recién te hemos despedido mi querido amigo agradezco el amor que nos diste. Y voy a llevarlo en el corazón hasta el día que volvamos a vernos. Hasta pronto mi perro, mi familia, mi amigo.