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noviembre 19, 2012

Discurso de Robert Kennedy o premonición de Argentina 2012

No suelo colgar acá palabras de otros. Pero este discurso de Robert Kennedy, realmente me impactó. Si cambiamos las nacionalidades, este discurso de hace mas de 40 años en otro país, aplica perfectamente al nuestro.
Creo que es la única salida posible. Qué da para el debate? Totalmente, pero si sabemos reconocernos como semejantes, es un comienzo.
Hoy no es un día para política, aprovecharé mi único acto de hoy, para hablarles brevemente, de la insensata violencia en América, que de nuevo salpica a nuestro país y la vida de todos nosotros. No incumbe a una sola raza, las víctimas de la violencia son negras y blancas, ricas y pobres, jóvenes y viejas, famosas y desconocidas; son sobre todas las cosas, seres humanos a los que otros seres humanos querían y necesitaban. Nadie, viva donde viva, haga lo que haga, puede estar seguro quien va a sufrir, por un acto insensato de derramamiento de sangre. Sin embargo, sigue, sigue y sigue en este país nuestro. ¿Por qué? ¿Qué ha conseguido siempre la violencia?, ¿Qué ha creado siempre? Siempre que un americano pone fin a la vida de otro americano, innecesariamente, ya sea en nombre de la ley, o desafiando la ley, ya sea un hombre o de una banda que mata a sangre fría o con rabia, en una ataque de violencia, o respondiendo a la violencia, siempre que se rasgue el viento de una vida, que otro hombre a tejido, torpe y penosamente, para el y sus hijos, siempre que hagamos eso, la nación entera será degradada. Y sin embargo parecemos tolerar un nivel creciente de violencia, que ignora nuestra común humanidad, y nuestras demandas a la civilización. Demasiadas veces celebramos la arrogancia y la chulería, y a los bravucones, demasiadas veces excusamos, a los que quieres construir su vida sobre los sueños destrozados de otros seres humanos. Pero hay una cosa clara, la violencia engendra violencia, la represión engendra venganza, y solo una limpieza de toda nuestra sociedad, puede arrancar este mal de nuestros corazones. Pues cuando enseñas a un hombre a odiar y temer a su hermano, cuando le enseñas que es un ser inferior, por su color, o sus creencias, o las normas que siguen, cuando le enseñas que los que son distintos a ti, amenazan su libertad, o tu trabajo, o tu hogar, o tu familia, entonces aprende también a enfrentarse a los otros, no como conciudadano, si no como enemigos, recibiéndolos no como cooperantes, si no como invasores que subyugan y someten. Y al final aprendemos a mirar a nuestros hermanos como extraños, extraños con los que compartimos una ciudad pero no una comunidad, hombres ligados a nosotros en una viviendo común, pero no en un esfuerzo común. Tan solo aprendemos a compartir un miedo común, solo un deseo común, de alejarse del otro, solo un impulso común, de superar el desacuerdo con la fuerza. Nuestra vida en este planeta es demasiado corta, el trabajo por hacer es demasiado grande para dejar que ese espíritu prospere por más tiempo en esta tierra nuestra. Desde luego, no podemos prohibirlo con militares, ni con una resolución, pero quizás podamos recordar, aunque se por un momento, que aquellos que viven con nosotros son nuestros hermanos, que comparten con nosotros el mismo corto momento de vida, que solo buscan, como nosotros, la oportunidad de vivir la vida con bienestar y felicidad, disfrutando lo que la satisfacción y el logro les proporciona. Seguramente este vínculo de sentido común, seguramente este vínculo de objetivos comunes, puede empezar a enseñarnos algo. Seguramente podremos aprender, por lo menos, a mirar alrededor a aquellos de nosotros que son nuestros semejantes, y seguramente podremos empezar a trabajar con algo más de entusiasmo y a curarnos mutuamente las heridas, y convertirnos otra vez, en hermanos y compatriotas de corazón.

noviembre 05, 2012

Favio

Era el estío de mi adolescencia.
Canciones que sonaban diferentes, acaso no terminaban de gustarme. Tal vez hubieron de pasar décadas hasta que alguien me hizo  no solo redescubrirlas sino cantarlas en esas noches que marcaron una etapa.
Pero esas películas....tan diferentes a partir de situaciones sencillas en algunos casos, un tanto mas extrañas en otros. Aunque el recuerdo de la Salamanca traía en mi el recuerdo de mi abuela y sus historias, el recuerdo de mi abuelo testigo directo.
Esas películas decía, en las que en algún momento un grupo de adolescentes que quería cambiar el mundo y discutía los modos de hacerlo, ansiaba ser Juan Moreyra para desafiar el poder establecido.
Y el temor y la curiosidad de ser un poco Nazareno.
Artista de enorme talento, creador de personajes sobre los que derramaba su mirada de piedad, hombre de convicciones profundas sin dobleces, uno mas entre tanto exiliado cuando vino la noche de los años infames.
Hombre de ideas en general  muy diferentes a las mías, su honestidad intelectual supo sembrar el respeto.
Hoy es uno mas de los que parte de esta tierra que nada puede doblegar.
Acaso sienta que esas escenas de sueño que hoy ve, él ya las había filmado. Acaso alguien le cante una de sus canciones en bienvenida y él las reciba con su modestia usual.
La única certeza es que regó nuestro camino de belleza en épocas tumultuosas y eso le abre las puertas del Cielo. Ahora vaya maestro y descanse. Nosotros le agradecemos haber compartido este tiempo.