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marzo 24, 2012

Marzo 24

No me contaron cuentos. Yo lo viví.
La noche mas oscura y larga, la era del miedo y la masacre, del poder absoluto y la censura.
De las explosiones y los tiros en lo hondo de la noche, algún grito y autos arrancando a toda velocidad.
Una historia. La de alguien que estuvo en el lugar equivocado en el momento incorrecto. Su desgracia fue parecerse a alguien a quien esperaban. Una vida de 21 años segada a puro plomo. Recuerdo haber leído en el diario Crónica al día siguiente: peligroso terrorista abatido. Su nombre: MIguel. Con el tiempo, hubiese sido mi cuñado.
La consecuencia: un auto estacionado en la cuadra de mi casa, vigilando. Y mis padres que no querían que saliera solo.
Que quede claro. No éramos héroes. Había temor, pero había rabia, impotencia ante la impunidad, por no poder hacer nada.
Recuerdo el dia posterior al sepelio. Un cielo de noviembre transparente, un sol que me entibiaba y mi pensamiento: él a no va a volver a ver este cielo ni aspirar este día. Y los asesinos están sueltos, libres, felices.
Esta es la verdad, esta es la memoria, pero aquí no hay justicia.
No me contaron cuentos. Yo lo viví.
Una mas. Noche de invierno de hace 35 años. Explosiones en el silencio, alguna sirena. Las noticias del día siguiente: abaten a cinco peligrosos subversivos en enfrentamiento en Martinez.
Años mas tarde, Conadep mediante se supo la historia real. Los cinco peligrosos subversivos eran un matrimonio y sus tres hijitos cuya casa fue volada con bazucas y enterrados,  en fosa común. Al hallarla y exhumarlos, habían enterrado a las mas pequeñita, creo que 3 añitos con su peluche.
El cruel no tiene nombre dice la canción.
Y aquí tampoco hay justicia.  
Escuchábamos canciones prohibidas a puertas cerradas. Leíamos libros de escritores condenados a la hoguera.
Brecht decía que allí donde se queman libros, un día se quemarán seres humanos. En aquellos tiempos la avenida Corrientes bullía de librerías. Llegaban a veces camiones del Ejército que se ponían de culata y los cargaban con libros "peligrosos" que se quemaban.
Mas adelante supe otra historia. La de un militar que abandonó su cargo porque en las afueras de La Plata una vez le llevaron un camión lleno de cadáveres para quemar.
Verdad, memoria, y una vez mas no hay justicia.

A 36 años algunos aún recordamos, aunque el argentino, es un pueblo sin memoria al que no le cuadra la verdad y donde no hay justicia.
No me vendieron fábulas. Viví en tiempos tormentosos, donde en tres meses pasé de correr en el patio de la escuela primaria a que nos corriera la policía al empezar la secundaria. De las huelgas de alumnos a tener gente de los servicios junto al rector del colegio en quinto año.
Necesitamos verdad para poner todo en su justo contexto.
Necesitamos memoria para recordar y asumir que la inmensa  mayoría apoyó el golpe. La frase " así no se puede mas" retumbaba desde fines del 75. El error, no saber la sombra del Mal que se cernía.
Necesitamos justicia para que los que murieron descansen en paz, para que los vivos tengan paz.
Y necesitamos compromiso con la Patria, para que la memoria, la justicia y la verdad no sean un slogan, una frase hueca.
Porque no necesito cuentos para saber lo que viví.
  

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