Sus palabras se enredan con la brisa, vuelan en lo hondo de la noche y se posan sobre mis costas.
Si el rumbo en que las alcanzo es correcto, su diáspora muta en miel frente a mis ojos, su cadencia es la misma de las olas.
De insularidad a insularidad un puente de cristal, manos como palomas soltando voces y dibujando almas.
Entre el cielo y la costa, entre el fragor y el silencio, se desliza como un leve río.
Las palabras, ese milagro.
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