Ahora, embarcado en este tren sin rumbo, con los ojos vendados, imposibilitado de ver el mundo, este mundo al que he maldecido tantas veces pero que también amo, recuerdo cuando era apenas un joven lleno de esperanzas, recuerdo infinitos pasillos que recorrí en mi afán de búsqueda, recuerdo los laberintos y los espejos, las rayuelas, los héroes, todas aquellas cosas que leí, todas aquellas cosas que me hicieron llorar, aquellas que me emocionaron y me hicieron crecer. Solo que ahora, este tren irreversible, esta oscuridad que me rodea, este silencio que precede a la nada, me aterrorizan.
Creo haber dicho me aterrorizan, pero no es la palabra. Uno siempre teme a lo desconocido, a lo que viene, a aquellas cosas que no puede dominar o no puede manejar. Ahora que no puedo sentarme ante una hoja, ahora que no puedo ver, que la noche es una sucesión continua, que la oscuridad, que las sombras son mi dieta cotidiana, ahora que este tren infinito, inacabable, en su traqueteo me lleva quien sabe donde,maniatado, sin ver, sin poder tocar las dimensiones, extraño las hojas, las hojas en blanco que tanto miedo me daban, porque allí empezaba a alinear los recodos de mi alma,las luces y las sombras. Ese era el territorio donde me desnudaba lentamente, donde dejaba fluir las miles de voces de los ríos de mi alma, a esto ya lo he dicho tantas veces, pero es necesario repetirlo porque vuelve una y otra vez, como esas obsesiones, como las mareas, y se van alineando lentamente.
Ha sido una obsesión de tantos años, de tantas horas. Creo que jamás he escrito por vocación sino por obligación, porque está en mi sangre y porque lo necesito. Y ahora que no puedo escribir, te cuento esto, y te lo cuento porque estoy perdido, porque no estoy aterrorizado como dije antes, pero tengo miedo, porque sé que mi cuerpo se deteriora lenta e inexorablemente, sé que no puedo ver y las sombras son infinitas.
Estoy perdido en un inmenso campo en una noche sin luna, sin luz, sin otra esperanza que la de pensar que esto es una pesadilla y que en algún momento voy a despertar o que alguna luz va a llegar hasta mi.
Pero a veces la vida es irreversible, es impiadosa, es como el último beso de una mujer que uno ama, y que va a salir para siempre de nuestra vida. Quería decírtelo, quería contártelo, lo necesitaba. Creo que voy a tirarlo por la ventana, voy a abrir esta ventana y lo voy a tirar. No sé si caerá en un campo, si caerá en un río, en un basural o caerá en tu jardín, o caerá en tus manos o caerá en el cielo. Pero mi vida ha sido eso, buscar, arrojar botellas al mar sin saber adonde van a ir a parar, sin saber si van a tener un destino cierto. Creo que esa es la vida, hacer las cosas con violenta prescindencia de su resultado
Solo vale soñar, solo vale buscar, intentar, aunque uno muera en el intento. Que mas puedo hacer si estoy atrapado en este tren infinito, este tren solitario y silencioso, con los ojos vendados, ya no recuerdo desde cuando y no sé hasta cuando, si para siempre o por un rato, si en algún momento voy a despertar o si ya estoy muerto.
Necesitaba contarlo, necesitaba decirlo. Tal vez la vida llegue a su fin. Me siento terriblemente cansado. Mi carne ha sido tan indócil y ahora es solo un traje viejo.
Creo haber dicho me aterrorizan, pero no es la palabra. Uno siempre teme a lo desconocido, a lo que viene, a aquellas cosas que no puede dominar o no puede manejar. Ahora que no puedo sentarme ante una hoja, ahora que no puedo ver, que la noche es una sucesión continua, que la oscuridad, que las sombras son mi dieta cotidiana, ahora que este tren infinito, inacabable, en su traqueteo me lleva quien sabe donde,maniatado, sin ver, sin poder tocar las dimensiones, extraño las hojas, las hojas en blanco que tanto miedo me daban, porque allí empezaba a alinear los recodos de mi alma,las luces y las sombras. Ese era el territorio donde me desnudaba lentamente, donde dejaba fluir las miles de voces de los ríos de mi alma, a esto ya lo he dicho tantas veces, pero es necesario repetirlo porque vuelve una y otra vez, como esas obsesiones, como las mareas, y se van alineando lentamente.
Ha sido una obsesión de tantos años, de tantas horas. Creo que jamás he escrito por vocación sino por obligación, porque está en mi sangre y porque lo necesito. Y ahora que no puedo escribir, te cuento esto, y te lo cuento porque estoy perdido, porque no estoy aterrorizado como dije antes, pero tengo miedo, porque sé que mi cuerpo se deteriora lenta e inexorablemente, sé que no puedo ver y las sombras son infinitas.
Estoy perdido en un inmenso campo en una noche sin luna, sin luz, sin otra esperanza que la de pensar que esto es una pesadilla y que en algún momento voy a despertar o que alguna luz va a llegar hasta mi.
Pero a veces la vida es irreversible, es impiadosa, es como el último beso de una mujer que uno ama, y que va a salir para siempre de nuestra vida. Quería decírtelo, quería contártelo, lo necesitaba. Creo que voy a tirarlo por la ventana, voy a abrir esta ventana y lo voy a tirar. No sé si caerá en un campo, si caerá en un río, en un basural o caerá en tu jardín, o caerá en tus manos o caerá en el cielo. Pero mi vida ha sido eso, buscar, arrojar botellas al mar sin saber adonde van a ir a parar, sin saber si van a tener un destino cierto. Creo que esa es la vida, hacer las cosas con violenta prescindencia de su resultado
Solo vale soñar, solo vale buscar, intentar, aunque uno muera en el intento. Que mas puedo hacer si estoy atrapado en este tren infinito, este tren solitario y silencioso, con los ojos vendados, ya no recuerdo desde cuando y no sé hasta cuando, si para siempre o por un rato, si en algún momento voy a despertar o si ya estoy muerto.
Necesitaba contarlo, necesitaba decirlo. Tal vez la vida llegue a su fin. Me siento terriblemente cansado. Mi carne ha sido tan indócil y ahora es solo un traje viejo.
Entiendo el dolor y el temor, pero cuando uno ha trabajado con personas sordociegas físicamente, las ha visto luchar contra un mundo insoportablemente desconocido, incomunicados, cayendo muchas veces en la psicosis de la soledad más absoluta, se pregunta, no exageraremos nuestras penas, temores y cegueras emotivas? Sí lo tengo todo para ser feliz, tengo ojos y tengo oídos. A veces, sólo a veces, eso me sirvió para salir de mi depresión genética hereditaria. Ver con los ojos del alma. Oír con el corazón y descubrir que Dios me dio posibilidades que no todos recibieron. No obstantes, esos otros, me han dado lecciones de humildad y de profunda esperanza. Un beso
ResponderEliminarte recomiendo que veas en youtube el video de Tony Melendez, a mí me curó de un eterno pesimismo sobre mis posibilidades.
Un par de cosas tan solo. Esto es viejo, es decir fue escrito hace unos 15 años en un momento en el que la ceguera fue una posibilidad concreta. Y algo bueno fue haber aprendido a domar ese temor.
ResponderEliminarLo otro es que como todo lo que uno hace, surge desde uno.
Y son formas de espantar fantasmas, de tantear caminos en la oscuridad, son el territorio donde uno blanquea sus miedos.
Sé que soy una persona muy afortunada, de hecho ayer hablaba con un amigo y le decía que en este tiempo reafirmé una vez mas que he tenido una vida maravillosa.
Creo que ocultar las cosas, los miedos, lo malo, solo lleva a la descomposición de lo que se esconde.