Tal vez la respuesta, el camino, esos ojos siempre estuvieron ahí. Tal vez tanta limitación y ceguera impidieron ver algo tan simple que asusta.
Se van apagando lentamente, como la última luz indecisa de una vela. Y el dolor de la decadencia es lava en las entrañas.
Solo que la vida es rara, maravillosa, un viento que gira y vuelve a girar. Indescifrable, irresistible como canto de sirena. Y hay quienes dicen que solo se puede saborear lo dulce cuando se ha conocido lo amargo.
Entre el silencio y el temor, entre el ansia y la respiración contenida. Entre el insomnio y las puertas que se abren del otro lado, transcurren estos días.
Entre la soledad y las ausencias, entre los fantasmas y las esperanzas. Así comienza a desgranarse mi paso entre la hojarasca.
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